2008/07/16

Cuba en Juegos Olímpicos (1900-1956)


El protagonismo de Ramón Fonst, lo más descollante (I)


Rafael Rofes Pérez


Con el objetivo de que nuestros lectores conozcan todo lo relacionado con el accionar de Cuba en Juegos Olímpicos, pongo a su consideración una serie de cuatro trabajos, que abarcan desde su primera incursión en estas centenarias justas hasta su última participación en Atenas 2004.

Mil 077 atletas se dieron cita en la capital francesa, París, encargada de acoger en 1900, la segunda edición de la mayor fiesta deportiva del planeta, y en la cual hace su debut la mayor de las Antillas, con un solo competidor.

Tal privilegio correspondió al estelar esgrimista Ramón Fonst Segundo, quien con solo 17 años de edad supo poner bien en alto el nombre de su Patria, al colgarse al cuello el metal dorado en la final de espada, tras inobjetable triu

nfo ante el local Louis Perrée, y además ganó la plata en esa misma arma para maestros, solamente superado por el galo Albert Ayat.

Con esta actuación, Fonst inscribió su nombre en la historia, al proclamarse no solo como el primer campeón olímpico de la Isla, sino de Latinoamérica.

En los III Juegos de Saint Louis, Estados Unidos (1904), nuevamente el abanderado de la delegación cubana (tres atletas) lo fue Ramón Fonst, quien en esta oportunidad se hizo de ¡tres preseas doradas!, para ratificar su est

elar clase.

Fue muy superior en el florete y la espada individual, al igual que en la primera especialidad por colectivos, al extremo de implantar un fenomenal récord que parece imbatible, de ¡24 asaltos! sin ser tocado.

El otro esgrimista criollo, Manuel Dionisio Díaz, también regaló una excelente demostración. Sus títulos en el sable individual y en el por equipos de florete, confirmaron su calidad.

Por su parte, el representante en el atletismo, Félix “El Andarín” Carvajal, cruzó cuarto la raya de sentencia en la maratón, luego de haber realizado una encomiable faena en los 30 kilómetros iniciales, cuando iba ubicado en la primera posición.

Constituyó este, sin dudas, el mejor resultado de Cuba en estas lides en la etapa precedente al triunfo de la Revolución, no obstante lo reducido de su comitiva.

En los IV Juegos de Londres, Inglaterra (1908); V, Estocolmo, Suecia (1912); VI, Berlín, Alemania, cancelados por la I Guerra Mundial (1916); y VII, Amberes, Bélgica (1920), los cubanos no estuvieron presentes.

Estos reaparecen en los octavos que acoge por segunda ocasión la populosa París, Francia, en 1924, y alistan a nueve atletas, seis en esgrima —donde culmina su faena en estas justas el laureado Ramón Fonst—, y dos en yatismo, quienes se ven impedidos de anexarse medalla alguna.

El velocista (atletismo) José “Pepe” Barrientos tuvo la responsabilidad de defender en solitario la bandera tricolor en la novena edición de Ámsterdam, Holanda (1928), donde tomaron parte 3 mil 015 competidores de 46 naciones.

Barrientos culminó su actuación en la segunda ronda clasificatoria de los 100 metros planos, en la cual fue eliminado tras llegar cuarto a la meta.

Ausentes estuvieron también los criollos en los X Juegos de Los Ángeles, EE.UU. (1932) y XI Berlín, Alemania (1936); entretanto los XII de Tokío, Japón (1940) y XIII en Londres, Inglaterra (1944), no se celebraron a causa de la II Guerra Mundial.

Finalizadas las acciones bélicas, la capital inglesa, Londres, sirvió de sede a la decimocuarta edición (1948), y fueron 59 las naciones inscriptas, con un total de 4 mil 468 deportistas.

Nuestra Patria estuvo presente en 12 disciplinas: atletismo, baloncesto masculino, ciclismo, clavados, esgrima, gimnástica, levantamiento de pesas, lucha libre, natación, remos, tiro y yatismo.

En esta última se vistió de plata, gracias a la encomiable labor de Carlos de Cárdenas Cumel (capitán) y Carlos de Cárdenas Pla (timonel) en el star class, a bordo de la embarcación Kurush III.

Los XV Juegos de 1952 se trasladaron hasta Helsinki, Finlandia, donde la cifra de países concursantes se elevó a 73 y abrieron las puertas a la Unión Soviética en su primera aparición olímpica.

Cuba, que en esta oportunidad se fue sin medallas, compitió en ocho deportes. En el atletismo se inscribieron los velocistas Samuel Anderson (110c/v y 4x100), Rafael Fortún y Raúl Mazorra (100 y 200m), Ángel García (200, 400 y 4x100) y Eutimio Planas (400, 800 y 4x100).

El equipo de baloncesto lo conformaron Carlos Bea, Alberto Escoto, Armando Estrada, Alfredo Faget, Carlos, Casimiro y Juan García, Federico López, Felipe Pozas, Mario Quintero, Fabio Ruiz y Ramón Woltz.

La esgrima estuvo defendida por Abelardo Menéndez (florete y espada); el yatismo por los medallistas de plata de la cita anterior; en el tiro mostraron su puntería Mario de Armas y Ernesto Herrero; y las brazadas en la natación corrieron a cargo de Nicasio Silverio (libre) y Manuel Sanguily (pecho).

Los forzudos de las pesas estuvieron representados por Orlando Garrido (82,5 kg), y la gimnástica por Ángel Aguiar, Francisco Cascante y Rafael Lecuona.

Melbourne, Australia, fue la anfitriona (1956) de la decimosexta cita, y esta pasó igualmente sin sorpresas y emociones para los cubanos, quienes solo lidiaron en cinco disciplinas y vieron una vez más alejada la posibilidad de conquistar medallas. (CONTINUARÁ)

(Fuentes: Famosos y desconocidos: Cubanos en Juegos Olímpicos, de Irene Forbes, Ana María Luján y Juan Velásquez, Y Archivo del Autor)।

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Cuba en Juegos Olímpicos (1960-1976)


Primeros alegrones tras el triunfo de la Revolución (II)

Rafael Rofes Pérez

Una nueva etapa para el deporte en Cuba se abrió tras el triunfo de la Revolución el Primero de Enero de 1959, cuando a partir de ese momento este se convirtió en derecho del pueblo.

A solo un año y ocho meses de instaurado en el poder el Gobierno revolucionario, tres mujeres y nueve hombres tuvieron la encomienda de representar a la mayor de las Antillas en la XVII cita estival de 1960, en Roma, Italia.

Estos compitieron en yatismo, natación, pesas, lucha libre, esgrima, boxeo, gimnástica y atletismo, disciplina esta última en la cual presentó credenciales el velocista Enrique Figuerola, cuarto en la fuerte final del hectómetro.

Cuatro años después, en los XVIII Juegos de Japón (1964), Figuerola dio un gran alegrón a la Patria, al cruzar segundo la raya de sentencia en la final de los 100 metros planos, e igualó junto al canadiense Harry Jerome, ambos con crono de 10,2 segundos, el récord olímpico del alemán Army Harry y el estadounidense B. Sime, implantado en 1960.

De esta forma “El Fígaro”, como se le conocía, proporcionó a Cuba su primera medalla olímpica después del triunfo de la Revolución, resultado que presagiaba un futuro promisorio para el deporte criollo.

En esta justa, en la cual participaron 5 mil 141 atletas de 93 países, los cubanos inscribieron a un total de 25 en seis deportes (atletismo, boxeo, esgrima, gimnástica, pesas y remos), y vale destacar la actuación de Miguelina Cobián, igualmente en el deporte rey, al terminar quinta en la discusión de los metales en la carrera de los 100 metros lisos.

Todo un acontecimiento para los aztecas lo fue sin dudas la celebración en su país de la XIX fiesta olímpica en 1968. La poblada Ciudad de México acogió a 6 mil 626 deportistas de 113 naciones, para convertirse así en la primera sede de Latinoamérica de tan prestigioso evento.

Cuba, con un movimiento deportivo en ascenso, incrementó considerablemente el número de atletas y disciplinas a competir, con 138 y 14, respectivamente, comitiva que se alzó con cuatro medallas, todas de plata.

Esta vez las postas de 4x100 metros del atletismo, en uno y otro sexos, conquistaron el subtítulo olímpico.

Por las féminas conformaron dicha cuarteta Marlene Elejalde, Violeta Quesada, Fulgencio Romay y Miguelina Cobián, quienes hicieron un formidable tiempo de 43,3, mientras por los hombres se alistaron en el Estadio Universitario de Ciudad de México, Juan Morales, Hermes Ramírez, Pablo Montes y el estelar Enrique Figuerola. Estos registraron un crono de 38,3, solo superados por la cuarteta de Estados Unidos que marcó en los relojes 38,2.

En el deporte de los puños dos de sus once representantes se llevaron preseas: Enrique Regüeiferos, de la división de los 63,5 kilogramos y Rolando Garbey, en los 71.

Regüeiferos triunfó en sus primeros cuatro combates y cayó reñidamente en la discusión del oro 3-2 ante el polaco Jerzy Kulej, en tanto Garbey debutó con inobjetable RSC sobre el irlandés Eamon Mcusker, venció 3-2 al alemán Detlef Dahn, propinó otros RSC al inglés Erick Blake, aventajó 4-1 en semifinales al estadounidense John Baldwin, y en la final se vio superado 5-0 por el soviético Boris Lagutin.

Munich, ciudad de la República Federal Alemana fue la designación para organizar los XX Juegos, en 1972. Hasta allí llegaron 10 mil deportistas de 123 naciones, y Cuba tomó parte con 143 atletas, entre ellos 27 mujeres, en 14 disciplinas.

En esta oportunidad su cosecha se elevó a ocho preseas en total. Una sobresaliente demostración tuvieron los pugilistas, cuando ganaron tres cinturones dorados, por intermedio del peso gallo Orlandito Martínez, quien pasó a la historia como el primer titular olímpico de Cuba después de 1959; el welter Emilio Correa y el más de 81 kilogramos Teófilo Stevenson, quien en cuartos de final liquidó por RSC al estadounidense Duane Bobick, la llamada Esperanza Blanca.

También resultaron medallistas Gilberto Carrillo (81 kg, plata), al caer en la finalísima ante el yugoslavo Mate Parlov, y el mosca Douglas Rodríguez (bronce), superado 3-2 en semifinales por el ugandés Leo Rwarwogo.

En el deporte rey, las posta femenina de 4x100 fue bronce, con crono de 43,36, y la misma estuvo integrada por Marlene Elejalde y Fulgencia Romay —ambas estuvieron en México-68—, Carmen Valdés y Silvia Chivás, esta última también dueña de otro metal bronceado en la final de los 100 metros (11,24 segundos), lo que constituyó récord mundial juvenil.

Otra extraordinaria proeza la protagonizaron los integrantes del equipo de baloncesto, quienes se crecieron en una fortísima lid para anexarse una histórica presea de bronce.

El quinteto antillano sumó seis éxitos en la ronda preliminar con un solitario fracaso. Venció 105-64 a Egipto, España (74-53), Checoslovaquia (77-65), Australia (84-70), Japón (108-63), Brasil (64-63) y cayó ante Estados Unidos (48-67).

Ya en semifinales perdió ante la Unión Soviética cerradamente 61-67, y en la discusión del tercer escaño triunfó en dramático partido sobre Italia 66-65.

En este conjunto militaron entre otros, jugadores de la talla de Miguel Calderón, Pedro Chappé, Ruperto y Tomás Herrera, Conrado Pérez y Alejandro Urgellés.

En la XXI versión de Montreal, Canadá (1976), Alberto Juantorena se erigió como el Rey de esta justa tras sus inobjetables victorias en los 400 y 800 metros planos en el atletismo, con excelentes tiempos de 44,26 segundos y 1;43,50 minutos, respectivamente.

Alejandro Casañas entró segundo en la final de los 110c/v (13,33 segundos), detrás del francés Guy Drut, para realizar igualmente una encomiable faena.

Otra vez los boxeadores pusieron bien en alto el nombre de nuestro país, al conquistar ocho de las 13 medallas ganadas por los integrantes de la delegación criolla, conformada por 160 concursantes en 15 deportes.

Teófilo Stevenson se presentó en gran forma al extremo de salir airoso antes del límite de tiempo en sus cuatro combates, para adjudicarse su segundo fajín dorado de forma consecutiva.

El minimosca Jorge Hernández y el pluma Ángel Herrera también se colgaron el oro; Ramón Duvalón (51), Andrés Aldama (63,5) y Sixto Soria (81) la plata; mientras quedaron en bronce Rolando Garbey (71) y Luis Felipe Martínez (75).

También subió a lo más alto del podio el judoca Héctor Rodríguez, quien conquistó así la primera de oro en este deporte, luego de vencer en las cuatro rondas precedentes a la final, en la que fue superior al coreano Chang Eun Kyung.

La restante presea de los cubanos fue la de bronce para la sexteta varonil de voleibol, al vencer a Japón tres sets por cero, con parciales de 15-8, 15-9 y 15-8.

Fueron estos, sin dudas, unos juegos fructíferos para los criollos, quienes evidenciaron el franco ascenso de su ya potente movimiento deportivo. (CONTINUARÁ)

(Fuentes: Famosos y desconocidos: Cubanos en Juegos Olímpicos, de Irene Forbes, Ana María Luján y Juan Velázquez, y Archivo del Autor)

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Cuba en Juegos Olímpicos (1980-1992)


Las fabulosas actuaciones de Moscú-80 y Barcelona-92 (III)

Rafael Rofes Pérez

De fabulosas pueden calificarse las actuaciones de los cubanos en los XXII Juegos de Moscú, Unión Soviética (1980), y XXV de Barcelona, España (1992), al empinarse hasta los puestos cuarto y quinto, respectivamente, en el cómputo general por naciones.

La capital moscovita se convirtió así en la primera del campo socialista en celebrar una cita estival, la cual constituyó un rotundo éxito, no obstante las ausencias de Estados Unidos, promotor de un boicot a raíz del conflicto bélico entre soviéticos y afganos, y al que se plegaron otros 35 países.

Cuba estuvo presente con una amplia comitiva de 208 atletas, quienes concursaron en 19 disciplinas y se adueñaron de 20 preseas, de ellas ocho de oro, siete de plata y cinco de bronce.

El pesista Daniel Núñez llevó la primera gran alegría a la Isla cuando en el segundo día de competencias sumó a su título de campeón mundial el de olímpico, al vencer en la división de los 56 kilogramos e imponer nuevas marcas del orbe y olímpicas en arranque y total, con 125 y 275, respectivamente, para superar al bien ranqueado soviético Yuri Sarkisián.

Otro halterista criollo, Alberto Blanco, de los 100 kg, se llevó el bronce tras levantar 172,5 en el arranque, 212,5 en envión, para un biatlón de 385 kilogramos.

El atletismo tuvo en la jabalinista María Caridad Colón a su máxima inspiradora. La guantanamera se erigió como la primera mujer de Cuba y Latinoamérica en ganar un cetro olímpico, al lanzar el dardo a una distancia de 68,40 metros, lo que constituyó récord para los Juegos.

Sobresalientes fueron también las demostraciones en el atletismo de Silvio Leonard, plata en el hectómetro con 10, 25 segundos, a quien imitó Alejandro Casañas en los 110 con vallas (13,40), mientras el discóbolo Luis Mariano Delís obtuvo el bronce con registro de 66,32 metros en su última oportunidad.

La escuela cubana de boxeo exhibió su indiscutida calidad cuando 10 de sus 11 representantes conquistaron medallas: seis de oro, dos de plata e igual cantidad de bronce.

Imbatibles sobre el ring estuvieron Teófilo Stevenson, quien se agenció su tercera corona olímpica en más de 81 kilogramos, Bautista Hernández (54), Ángel Herrera (60), Andrés Aldama (67), Armandito Martínez (71) y José Gómez (75); submonarcas fueron Hipólito Ramos (48) y Adolfo Horta (57), y en bronce quedaron José Aguilar (63,5) y Ricardo Rojas (81).

Apunto estuvieron los judocas de saborear nuevamente el oro, cuando cayeron en la gran final Rafael Rodríguez Carbonell (60 kg), Juan Ferrer Lahera (78) e Isaac Azcuy (86).

El otro medallista de la delegación cubana en suelo soviético lo fue el tirador Roberto Castrillo (bronce) en el skeet.

Tanto en los XXIII Juegos de Los Ángeles, Estados Unidos (1984), como en los XXIV de Seúl, Corea del Sur (1988), la mayor de las Antillas no estuvo presente.

A territorio norteamericano se ausentaron la Unión Soviética, tras manifestar que no existían garantías para sus atletas, al igual que se pronunciaron Cuba y demás países socialistas excepto Rumanía, en tanto en Seúl los cubanos protestaron junto a Nicaragua, Etiopía, Albania, Islas Seychelles y Corea del Norte, porque esta fiesta no fue compartida por las dos Corea.

La bella ciudad catalana de Barcelona fue una digna sede de la XXV edición de los Juegos en 1992, caracterizada por su excelente organización y el recuerdo permanente de las ceremonias de apertura y clausura.

Los criollos inscribieron a 183 deportistas, entre estos 54 mujeres, los que acapararon el mayor número de preseas en su historia, con un gran total de 31 y se ubicaron en un envidiable quinto escaño.

Los pugilistas volvieron a brillar al proporcionar otra vez el mayor aporte de metales a la delegación con nueve.

Subieron a lo más alto del podio el supercompleto Roberto Balado, Joel Casamayor (54 kg), Héctor Vinent (63,5), Rogelio Marcelo (48), Juan Carlos Lemus (71), Ariel Hernández (75) y el crucero Félix Savón, mientras se vistieron de plata Raúl González (51) y Juan Hernández Sierra (67).

Nuestro deporte nacional, el béisbol, triunfó en su debut olímpico en calidad de invicto (9-0), con sonrisas ante República Dominicana (8x0), Italia (18x1), Japón (8x2), Estados Unidos (9x6), España (18x0), Puerto Rico (9x4) Taipei de China (8x1), Estados Unidos (6x1, en semifinales) y Taipei de China (11x1, por el oro).

Resonantes resultaron las victorias de la discóbola Maritza Martén (70,06 metros) y el saltador de altura Javier Sotomayor (2,34 metros), en el atletismo.

Las postas masculinas de 4x400 y 4x100 dieron el máximo en la pista para entra segunda y tercera, respectivamente en la gran final.

La cuarteta plateada estuvo conformada por Héctor Herrera, Lázaro Martínez, Norberto Téllez y Roberto Hernández, la cual realizó un tiempo de 2:59,51, solo superada por la de Estados Unidos (2:55,74, récord mundial y olímpico), que presentó en la pista a Andrew Valmon, Quince Watts, Michael Jonson y Steve Lewis.

Por su parte los bronceados de la posta corta lo fueron Joel Lamelas, Joel Isasi, Jorge Luis Aguilera y Andrés Simón (38,00), metal que igualmente lograron Ioamnet Quintero (salto de altura, 1,97), Roberto Moya (disco, 64,12) y Ana Fidelia Quirot (800 metros, 1:56,80).

En el judo femenino, el debut de las cubanitas no pudo ser mejor. Como primera campeona olímpica de la Isla se proclamó Odalys Revé, en la división de los 66 kilogramos, merced a sus victorias frente a Mei-Ling Wo (Taipei de China), Grace Dividen (Estados Unidos), Anita Kiraly (Hungría), Katy Howey (Gran Bretaña) y Emanuela Pierantozzi (Italia) en la gran final.

Estela Rodríguez (más de 72 kg) capturó la plata, y Amarilis Savón (48) y Driulis González (56), el bronce, en tanto entre los varones Israel Hernández conquistó también un meritorio tercer lugar en los 65 kilogramos.

Los luchadores y la sexteta femenina de voleibol dieron a Cuba los restantes títulos en la fiesta catalana.

Héctor Milián (100 kilogramos, oro) y Wílber Sánchez (48) y Juan Luis Marén (62), ambos con bronce lideraron a los del estilo grecorromano, mientras el dorado en la libre lo fue Alejandro Puerto (57), y con bronce quedó Lázaro Reinoso (62).

Las voleibolistas estuvieron inmensas, al extremo de terminar invictas en tan fuerte certamen (5-0). En la discusión de la supremacía superaron 3-1 sets a la Antigua Unión Soviética, ahora con el nombre de Estados Unificados (16-14, 12-15, 15-12 y 15-13) (CONTINUARÁ).

(Fuentes: Famosos y desconocidos: Cubanos en Juegos Olímpicos, de Irene Forbes, Ana María Luján y Juan Velázquez, y Archivo del Autor)

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Cuba en Juegos Olímpicos (1996-2004)


Ratificación en la elite universal (IV y final)

Rafael Rofes Pérez

Ciento sesenta y cinco atletas representaron a la mayor de las Antillas en los XXVI Juegos de Atlanta, Estados Unidos (1996), quienes realizaron otra brillante faena que les permitió situarse en el puesto número ocho entre las 197delegaciones presentes.

Los criollos acumularon esta vez un total de 25 medallas, de ellas nueve de oro, ocho de plata e igual cantidad de bronce, para ratificar así su poderío y mantenerse dentro de la elite universal.

La novena de béisbol retuvo la corona ganada en la cita precedente también en calidad de invicta con nueve éxitos sin fracasos.

En su debut los peloteros derrotaron a Australia 19x8, después superaron reñidamente a Japón 8x7, a Antillas Holandesas 18x2, Corea del Sur 14x11, Italia 20x6, Estados Unidos 10x8, Nicaragua 8x7, nuevamente a los nicas 8x1 en semifinales y en la gran final a Japón 13x9.

Los puños de los boxeadores se llevaron el mayor botín como de costumbre, con cuatro de oro y tres de plata. Cinturones dorados se anexaron el mosca Maikro Romero, Héctor Vinent (63,5), Ariel Hernández (75) y Félix Savón (91), mientras las de plata fueron al pecho de Arnaldo Mesa (54), Juan Hernández Sierra (67) y Alfredo Duvergel (71).

Cinco fueron los pesistas antillanos que asistieron a territorio norteamericano, los que estuvieron liderados por el estelarísimo Pablo Lara, submonarca de Barcelona-92, quien fue ganador ahora del título en la división de los 76 kilogramos. Con un biatlón de 367,5 kg (162,5 en arranque y 205en envión).

Las restantes tres preseas de oro tuvieron como dueños al luchador de estilo greco Filiberto Azcuy (74 kg), quien venció en la final al finés Marko Asell (8-2), la judoca Driulis González (56 kg). Tras batir por yuko a la coreana del sur Sung-Yong Jung, y al equipo femenino de voleibol, que reeditó su actuación de la cita catalana.

Vale destacar que las judocas al mando del avezado entrenador Ronaldo Veitía también sumaron otra de plata por intermedio de Estela Rodríguez (más de 72 kg), y tres de bronce de Amarilis Savón (48), Legna Verdecia (52) y Diadenis Luna (72), en tanto entre los luchadores grecorromanos no menos estimulante lo fue el subtítulo de Juan Luis Marén, en los 62 kilogramos.

En la natación Cuba alcanzó por primera vez en Juegos Olímpicos dos medallas (plata y bronce). Rodolfo Falcón terminó segundo entre 52 participantes en los 100 metros estilo espalda con crono de 54,98 segundos, y fue secundado por su compatriota Neisser Bent (55,02), lo que constituyó una digna presencia de los tritones cubanos en estos Juegos del centenario.

Otra de plata y bronce consiguieron los esgrimistas, igual desempeño que el logrado en el atletismo.

Excelente disciplina y una batalla campal en contra del dopaje caracterizaron a los últimos Juegos del siglo y del milenio que tuvieron por sede, en su edición XXVII a Sydney, Australia (2000).

Por primera ocasión se incorporaron al calendario olímpico el taekwondo y el triatlón, los que elevaron a 28 el número de disciplinas en concurso.

A Sydney llegaron 10 mil 300 atletas de 200 países, y Cuba conformó una delegación de 432 personas, de ellas 238 deportistas, los que sumaron cuatro medallas más (29, 11 de oro, igual cifra de plata y siete de bronce) que en Atlanta-96, para colocarse en la novena posición en el cómputo por naciones.

Varios hechos significativos redondearon la encomiable faena de los cubanos en suelo australiano. Sin embargo, la derrota de los peloteros entristeció a sus parciales, en una Isla donde el béisbol es pasión, delirio…

Las muchachitas del voleibol ganaron por tercera ocasión consecutiva el título olímpico, toda una proeza, equipo que presentó entre sus pilares fundamentales a Regla Torres, quien posteriormente fue elegida como la mejor jugadora del siglo a nivel mundial, Mireye Luis, Regla Bell, Marlenis Costa, Lili Izquierdo. Ana Ibis Fernández e Idalmis Gato.

También se llevó su corona de tricampeón el boxeador Félix Savón, quien igualó así la hazaña del húngaro Lazlo Pap y del inmenso Teófilo Stevenson.

Más que meritoria resultó la labor de los taekwondocas en su debut olímpico, con el oro de Ángel Volodia Matos (80 kg), en tanto Urbia Meléndez fue plata en los 49, tras caer en la discusión del cetro 2-4 ante la local Lauren Burns.

En el canotaje Cuba se agenció por primera vez medallas, dos de plata en las especialidades de canoa canadiense, por mediación de Leddy Frank balceiro en el C-1 a mil metros, y Teobaldo Pereira-Ibrahím Rojas en el C-2 a igual distancia.

Los peloteros luego de triunfar seis veces y caer ante Holanda 2x4 en la fase clasificatoria, derrotaron 3x0 en semifinales a Japón, pero no pudieron en la gran final descifrar los envíos de los lanzadores estadounidenses, encabezados por el vencedor B. Sheets, quienes solamente les toleraron tres inatrapables y se vieron superados 0x3, equipo este precisamente al que los criollos habían batido claramente 6x1 en la etapa preliminar.

En el atletismo se disfrutaron en grande las actuaciones doradas de Iván Pedroso (salto de longitud, con 8.55 metros) y Anier García (110 con vallas, 13:00 segundos, récord de Cuba), y en el judo las de Legna Verdecia (52 kg) y Sibelis Veranes (70).

Los restantes títulos fueron para los boxeadores Guillermo Rigondeaux (54 kg), Mario Kindelán (60) y Jorge Gutiérrez (75), y en la lucha greco la del corajudo Filiberto Azcuy (69 kg).

Los otros medallistas en la cita australiana fueron: Atletismo: Joel García (salto triple, plata, 17,47 m), Javier Sotomayor (salto alto, plata, 2,32 m), posta de 4x100 masculina (bronce, 38,04 segundos) y Osleydis Menéndez (jabalina, bronce, 66,18 m). Boxeo, Maikro Romero (bronce, 48 kg) y Diógenes Luna (bronce, 63,5). Esgrima, bronce en espada por equipos.

Judo, Daima Beltrán (plata, más de 78 kg), Driulis González (plata, 57 kg) y Manolo Poulot (bronce, 60 kg), y por último en la lucha greco, Juan Luis Marén (plata, 63 kg), Lázaro Rivas (plata, 54 kg), y en la libre, Yoel Romero (plata, 85 kg) y Alexis Rodríguez (bronce, 130 kg).

Los XXVIII Juegos se celebraron en Atenas (Grecia) entre el 13 y el 29 de agosto de 2004. Durante 17 días se celebraron los eventos deportivos más grandes y costosos de la historia, reuniendo a delegados de 202 países y más de 11 mil atletas.

El símbolo del evento fue la corona de laurel, dado su significado en la antigua Grecia y en sus primeros Juegos Olímpicos; por ello se impuso una corona semejante a los tres medallistas de cada prueba.

Los cubanos mantuvieron la vanguardia olímpica con un meritorio onceno escaño por naciones.

En esta ocasión fueron 27 las medallas conquistadas, de ellas nueve de oro (dos en atletismo, cinco en boxeo y una en lucha y béisbol); siete de plata (dos en boxeo, una en atletismo, canotaje, judo, taekwondo y lucha); y 11 de bronce (cinco en judo, dos en atletismo, y una en lucha, voleibol femenino, boxeo y tiro deportivo).

Como se puede apreciar, el desarrollo del movimiento deportivo en la Isla ha ido de menos a más. El hecho de situarnos desde hace ya unos cuantos años en la vanguardia olímpica demuestra una vez más los aciertos de nuestra política en esta actividad, por lo que estamos convencidos de que en la venidera justa de Beijing los resultados serán igualmente halagüeños.

(Fuentes: Famosos y desconocidos: Cubanos en Juegos Olímpicos, de Irene Forbes, Ana María Luján y Juan Velázquez, y Archivo del Autor)

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2008/07/14

Cuba en Juegos Olímpicos (1900-1956)


El protagonismo de Ramón Fonst, lo más descollante (I)


Rafael Rofes Pérez


Con el objetivo de que nuestros lectores conozcan todo lo relacionado con el accionar de Cuba en Juegos Olímpicos, pongo a su consideración una serie de cuatro trabajos, que abarcan desde su primera incursión en estas centenarias justas hasta su última participación en Atenas 2004.

Mil 077 atletas se dieron cita en la capital francesa, París, encargada de acoger en 1900, la segunda edición de la mayor fiesta deportiva del planeta, y en la cual hace su debut la mayor de las Antillas, con un solo competidor.

Tal privilegio correspondió al estelar esgrimista Ramón Fonst Segundo, quien con solo 17 años de edad supo poner bien en alto el nombre de su Patria, al colgarse al cuello el metal dorado en la final de espada, tras inobjetable triu

nfo ante el local Louis Perrée, y además ganó la plata en esa misma arma para maestros, solamente superado por el galo Albert Ayat.

Con esta actuación, Fonst inscribió su nombre en la historia, al proclamarse no solo como el primer campeón olímpico de la Isla, sino de Latinoamérica.

En los III Juegos de Saint Louis, Estados Unidos (1904), nuevamente el abanderado de la delegación cubana (tres atletas) lo fue Ramón Fonst, quien en esta oportunidad se hizo de ¡tres preseas doradas!, para ratificar su est

elar clase.

Fue muy superior en el florete y la espada individual, al igual que en la primera especialidad por colectivos, al extremo de implantar un fenomenal récord que parece imbatible, de ¡24 asaltos! sin ser tocado.

El otro esgrimista criollo, Manuel Dionisio Díaz, también regaló una excelente demostración. Sus títulos en el sable individual y en el por equipos de florete, confirmaron su calidad.

Por su parte, el representante en el atletismo, Félix “El Andarín” Carvajal, cruzó cuarto la raya de sentencia en la maratón, luego de haber realizado una encomiable faena en los 30 kilómetros iniciales, cuando iba ubicado en la primera posición.

Constituyó este, sin dudas, el mejor resultado de Cuba en estas lides en la etapa precedente al triunfo de la Revolución, no obstante lo reducido de su comitiva.

En los IV Juegos de Londres, Inglaterra (1908); V, Estocolmo, Suecia (1912); VI, Berlín, Alemania, cancelados por la I Guerra Mundial (1916); y VII, Amberes, Bélgica (1920), los cubanos no estuvieron presentes.

Estos reaparecen en los octavos que acoge por segunda ocasión la populosa París, Francia, en 1924, y alistan a nueve atletas, seis en esgrima —donde culmina su faena en estas justas el laureado Ramón Fonst—, y dos en yatismo, quienes se ven impedidos de anexarse medalla alguna.

El velocista (atletismo) José “Pepe” Barrientos tuvo la responsabilidad de defender en solitario la bandera tricolor en la novena edición de Ámsterdam, Holanda (1928), donde tomaron parte 3 mil 015 competidores de 46 naciones.

Barrientos culminó su actuación en la segunda ronda clasificatoria de los 100 metros planos, en la cual fue eliminado tras llegar cuarto a la meta.

Ausentes estuvieron también los criollos en los X Juegos de Los Ángeles, EE.UU. (1932) y XI Berlín, Alemania (1936); entretanto los XII de Tokío, Japón (1940) y XIII en Londres, Inglaterra (1944), no se celebraron a causa de la II Guerra Mundial.

Finalizadas las acciones bélicas, la capital inglesa, Londres, sirvió de sede a la decimocuarta edición (1948), y fueron 59 las naciones inscriptas, con un total de 4 mil 468 deportistas.

Nuestra Patria estuvo presente en 12 disciplinas: atletismo, baloncesto masculino, ciclismo, clavados, esgrima, gimnástica, levantamiento de pesas, lucha libre, natación, remos, tiro y yatismo.

En esta última se vistió de plata, gracias a la encomiable labor de Carlos de Cárdenas Cumel (capitán) y Carlos de Cárdenas Pla (timonel) en el star class, a bordo de la embarcación Kurush III.

Los XV Juegos de 1952 se trasladaron hasta Helsinki, Finlandia, donde la cifra de países concursantes se elevó a 73 y abrieron las puertas a la Unión Soviética en su primera aparición olímpica.

Cuba, que en esta oportunidad se fue sin medallas, compitió en ocho deportes. En el atletismo se inscribieron los velocistas Samuel Anderson (110c/v y 4x100), Rafael Fortún y Raúl Mazorra (100 y 200m), Ángel García (200, 400 y 4x100) y Eutimio Planas (400, 800 y 4x100).

El equipo de baloncesto lo conformaron Carlos Bea, Alberto Escoto, Armando Estrada, Alfredo Faget, Carlos, Casimiro y Juan García, Federico López, Felipe Pozas, Mario Quintero, Fabio Ruiz y Ramón Woltz.

La esgrima estuvo defendida por Abelardo Menéndez (florete y espada); el yatismo por los medallistas de plata de la cita anterior; en el tiro mostraron su puntería Mario de Armas y Ernesto Herrero; y las brazadas en la natación corrieron a cargo de Nicasio Silverio (libre) y Manuel Sanguily (pecho).

Los forzudos de las pesas estuvieron representados por Orlando Garrido (82,5 kg), y la gimnástica por Ángel Aguiar, Francisco Cascante y Rafael Lecuona.

Melbourne, Australia, fue la anfitriona (1956) de la decimosexta cita, y esta pasó igualmente sin sorpresas y emociones para los cubanos, quienes solo lidiaron en cinco disciplinas y vieron una vez más alejada la posibilidad de conquistar medallas. (CONTINUARÁ)

(Fuentes: Famosos y desconocidos: Cubanos en Juegos Olímpicos, de Irene Forbes, Ana María Luján y Juan Velásquez, Y Archivo del Autor).

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¿Quién fue el show-man del deporte en Cuba?

Rafael Rofes Pérez

El deporte es salud y vidaEl 26 de agosto del 2004 murió en La Habana Armandito el Tintorero, el aficionado por autonomasia del béisbol en la Isla. Al menos la muerte tuvo el tacto de dilatar su nefasta misión hasta que los cubanos conquistaran en Atenas su corona olímpica.

Tuve el privilegio de entrevistarlo poco tiempo antes de que se
deteriorara su estado de salud, precisamente en su "casa", el estadio Latinoamericano de la capital cubana. Por tal motivo me gustaría compartieran conmigo este pequeño homenaje a este sencillo hombre de pueblo.

Sepan que Armandito falleció consciente de que su país volvía a mandar en el béisbol, la pasión de su vida.

Durante casi cuatro décadas Armando Luis Torres Torres imperó en la banda de tercera del mítico estadio Latinoamericano, donde su vozarrón y sus gafas de miope condimentaban cada partido, sin importar el nivel de las novenas en acción.

Desde 1968 nadie pudo sentarse en el segundo puesto de la séptima fila entre el home y el jardín izquierdo: el asiento pertenecía a Armandito, que rodeado de sus acólitos ejercía su ministerio de aficionado irreductible.

Por su persistencia y dedic
ación, Aldo Notari, presidente de la Federación Internacional de Béisbol por aquel entonces, le entregó una placa conmemorativa creada especialmente para él en Italia, y que desde entonces distingue su asiento.

Poco antes de morir confesó que recibir aquella placa, ante 30 mil aficionados que lo ovacionaron como a un líder, sobresalió entre las emociones más fuertes de su dura vida.

Pasó sus últimos meses quejándose de dolores en las piernas y afecciones cardiacas.

Sus postreras alegrías se las concedió el equipo de sus amores, el capitalino Industriales, que ganó dos campeonatos nacionales de forma consecutiva, la última de ellas en su sede del Coloso de la barriada del Cerro.

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ARMANDITO “EL TINTORERO”

AFICIONADO NÚMERO UNO DE LA PELOTA CUBANA

Rafael Rofes Pérez

rofillo@yahoo.com.mx



“¡Vamos chico, pégale fuerte a la bola, que con la de tercera ganamos!”. Al momento, el bateador empuja la de la victoria de Industriales, la de Cuba..., y se estremece el graderío del estadio Latinoamericano de la capital cubana. El festín es dirigido, desde hace más de 30 años, por un inquieto “personaje” enamorado del béisbol, a quien siguen miles y miles de aficionados, todos bajo su batuta, cual fiel director de orquesta.

¿Quién no conoce en el mundo de las bolas y los strikes en la mayor Isla de las Antillas a Armandito “El Tintorero”? Este hombre de pueblo recibió en la XXXV Copa Mundial de Béisbol, celebrada en La Habana, el segundo gran regalo de toda su vida, precisamente por dar apoyo al espectáculo beisbo
lero desde el graderío.

“Óigame, no es igual dar ánimo o aplaudir a un pelotero, que sentirlo uno en carne propia, créame. El haber recibido una placa de reconocimiento de manos de Aldo Notari, presidente de la Federación Internacional de Béisbol (IBAF), confeccionada en Italia exclusivamente para mí, y ante más de 30 mil espectadores, todavía me tiene emocionado.

“Esto es lo más grande que me ha sucedido, al igual que cuando el Presidente Jefe Fidel Castro me

invitó para asistir a Baltimore, en 1999, al tope entre los nuestros y los Orioles.”

Sobre este viaje a los Estados Unidos rememora: “Fue otra alegría indescriptible. Al salir, Fidel me dijo que yo era el presidente de la Comisión de Embullo, y recuerdo que le respondí que pondría bien alta la bandera que siempre llevo en mi corazón. Allí confié también en la victoria.

“Me gusta mucho la pelota y conozco los resultados de cualquier equipo en el mundo, pero jamás pensé que pudiera presenciar un juego entre una
novena cubana y otra de las Grandes Ligas en su propio estadio. ¡Qué más le puedo pedir a la vida! Después de estas dos grandes satisfacciones, puedo morir tranquilo”.

No sólo en el estadio Latinoamericano, sino en otras instalaciones deportivas de La Habana, Armando Luis Torres Torres trocó sus apellidos por el de Tintorero. Lo que muchos no saben es que, antes, sus nombres iban acompañados de Valdés Valdés. Porque, nacido el 27 de diciembre de 1939, quedó huérfano muy pequeño y pasó toda su niñez en una Casa de Beneficencia.


La garganta de Armandito es privilegiada. Desde 1966 anima a sus equipos. Empezó dando aliento al Habana; en 1968, el Comandante Oscar Fernández Mell le solicitó que lo hiciera también con Industriales (novena de la capital cubana), pues tenía muchos aficionados, y así lo hizo.

Hace 35 años se sienta en el mismo lugar en el parque insignia de la pelota en Cuba, el mencionado Latinoamericano: séptima fila, segundo puesto, entre home y tercera; la butaca tiene una placa que identifica quién es el dueño. Silvatos, gritería y sus eternos seguidores, 56 de los cuales conforman la Peña a la cual dirige, condimentan cada juego.

Siempre hay una iniciativa y basta un gesto para que su “equipo coja la seña”. La barrida, con su escoba; el tun turun tun para quienes deben cargar los bártulos; conteo hasta 10 para el lanzador explotado, una bullita, y muchas cosas más. Su presencia se hace, sin lugar a dudas, indispensable.

Lo de Tinto
rero surgió a partir de 1970, cuando comenzó a trabajar en la tintorería La Cubana, centro en el cual se mantiene laborando como jefe de brigada.

Acerca de la participación de Cuba en los eventos internacionales del 2003, sonríe y exclama: “¡No es fácil vencernos! Ganamos de manera convincente los tres torneos más importantes del año: los XIV Juegos Deportivos Panamericanos de Santo Domingo, en República Dominicana, la XXXV Copa Mundial efectuada aquí en La Habana, y el Preolímpico de Panamá, ...y eso que casi todos los equipos incluyeron a jugadores profesionales en sus filas.


"Se demostró una vez más que Cuba tiene calidad suficiente para batirse de tú a tú con cualquier novena, y que de seguro recuperará el cetro olímpico este año en la cita de Atenas.”

“¡Ah!, por cierto, periodista, sería realmente lamentable que los intentos por excluir al béisbol en próximos años del calendario olímpico, se concreten, pues este deporte, después del fútbol, es el que más llena los estadios en el mundo. Además, se juega en todos los continentes. Por eso los aficionados tenemos que apoyarlo cada vez más. No concibo una Olimpiada sin su presencia, y mucho menos si Cuba lograra algún día la sede, como bien merece.”

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